En el año 1999 se inauguró un mural en nuestra comunidad sobre la pared izquierda que es reproducción del que está en la Catedral Metropolitana al lado del mausoleo con los restos del cardenal Quarracino. Reproducimos a continuación un par de notas que nos ilustran sobre la historia del mismo

Un mural para la memoria
Por José Ignacio García Hamilton
Para LA NACION
Jueves 19 de abril de 2007
El 19 de abril de 1943 se inició el levantamiento del gueto de Varsovia y otro 19 de abril, pero de 1997, se colocó en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires un mural conmemorativo dedicado a las víctimas del Holocausto.
La pieza, una estructura de 1,80 de largo por 1,20 de ancho, compuesta por dos cristales entre los cuales se exhiben hojas de libros de rezo rescatadas de las ruinas de los campos de concentración de Treblinka y Auschwitz, así como del gueto de Varsovia, fue inaugurada por el cardenal Antonio Quarracino por inspiración de Baruj Tenembaum, el creador de la Fundación Internacional Raoul Wallenberg. La obra recuerda también a los asesinados en los atentados a la embajada de Israel en Buenos Aires (1992) y a la AMIA (1994). Fue emplazada originalmente en la capilla interior, llamada de Santa Teresa, e inaugurada con la presencia del premio Nobel de la Paz Lech Walesa.
El mural contiene también una partitura del Kadish (oración por los muertos) y las portadas de dos libros: uno de fábulas en idish hallado entre los escombros de la mutual judía y otro del Libro de Samuel, encontrado durante la búsqueda de sobrevivientes, horas después del estallido en la sede diplomática israelí. Completa el recordatorio un ejemplar de la Hagadá de Pesaj rescatado de un campo de concentración en 1942, donado por la hija de una de las víctimas, Miriam Kesler. Para la construcción del marco se utilizaron técnicas del siglo XVIII.
Poco antes de su fallecimiento, en febrero de 1998, Quarracino escribió en una carta: "Pronto se cumplirá el primer aniversario del descubrimiento de este digno monumento, ante el que he pedido se invite a judíos que así lo deseen a cubrirse la cabeza. El lugar definitivo del mural estará ligado al descanso que aguardo dentro de la Catedral para continuar pregonando la fraternidad, como lo he hecho toda mi vida". Cumpliendo con ese deseo, a la muerte del primado el mural fue trasladado a la capilla interna denominada de la Virgen de Luján, en el sector opuesto a donde descansan los restos del general José de San Martín, lugar donde también está sepultado el arzobispo de Buenos Aires.
En 2004, una réplica del mural fue inaugurada en la Vaterunser Kirche, de Berlín.
Los argentinos hemos vivido muchos sucesos desdichados, de violencia e intolerancia. Pero podemos celebrar la presencia de este mural de paz, pluralismo e integración, que distingue a nuestro país en el escenario de las relaciones interconfesionales y del diálogo judeocristiano.

De la Catedral a Auschwitz,camino de encuentro
Por José Ignacio López
Lunes 20 de abril de 1998
Fue un sonido seco, desnudo, que dejó un eco particular, poco frecuente en el antiguo y siempre imponente ámbito de la Catedral de Buenos Aires. Fue el sonido de las piedras colocadas por manos judías en señal de presencia y dolor sobre la lápida que cubre los restos del cardenal Antonio Quarracino y que obró como adecuada rúbrica a una emotiva ceremonia de profundo contenido judeo-cristiano.
Exactamente un año atrás, en consonancia con una larga trayectoria al servicio del diálogo con los judíos, al acoger una iniciativa de la organización interconfesional Casa Argentina en Israel Tierra Santa, el purpurado recién desaparecido había convertido a la catedral porteña en el primer templo católico del mundo en alojar un mural conmemorativo de la Shoah (Holocausto) y en memoria de los asesinados por los atentados contra la embajada de Israel y la sede de la AMIA.
Se trata de una pieza de orfebrería -diseño del arquitecto Norberto Silva-, consistente en dos cristales enmarcados entre los cuales se sitúan fragmentos de libros de oración rescatados de guetos y campos de concentración como entre los escombros que el terror sembró en la esquina de Suipacha y Arroyo y en Pasteur 637.
Emplazado originalmente en la capilla de Santa Teresa, el miércoles último en cumplimiento de un deseo póstumo del cardenal, el mural fue trasladado a la capilla de la Virgen de Luján donde está su tumba.
"El lugar definitivo del mural estará ligado al descanso que aguardo dentro de la Catedral para continuar pregonando la fraternidad como lo he hecho toda mi vida", escribió Quarracino el 26 de diciembre último en carta a su amigo Baruch Tenembaum, presidente de la Casa Argentina. En esa misma misiva, manifestó su certeza de que "llegado el momento de sucederme" monseñor Jorge Bergoglio "recorrerá el mismo camino de reconciliación y fraternidad con nuestros hermanos mayores. Contando con la ayuda y colaboración del querido y fiel Roberto Toledo (su secretario privado), insistiremos en avanzar por esta ruta, sin duda, querida y bendecida por Dios", escribió.
El miércoles se concretó aquella certeza: monseñor Bergoglio, junto a la tumba de su antecesor, se abrazó, entre otros miembros de la comunidad judía, con el rabino Joseph Ehrenkranz, fundador y director ejecutivo del centro para el entendimiento cristiano-judío de la Universidad del Sagrado Corazón de Connecticut, Estados Unidos.
La proximidad de la Pascua que judíos y cristianos venían de celebrar contribuyó a ahondar el sentido religioso del acontecimiento que, a la vez, se alzó como inequívoca expresión del espiritu que alentó el último pronunciamiento vaticano "Nosotros recordamos: una reflexión sobre la Shoah".
Aquella carta que Quarracino dirigió a Tenembaum no fue la única que adquirió ahora sentido de auténtico testamento. Diez días antes de su muerte, el cardenal entregó a las autoridades de la Casa Argentina un texto destinado a apoyar la constitución de un comité internacional que a lo largo de este año se dedicará a honrar la memoria del desaparecido ex diplomático sueco Raoul Wallenberg, "quien en gesta singular, salvara del exterminio a más de cien mil seres humanos durante los horrores de la segunda guerra mundial".
En esa carta, precisamente, aludía al mural de la catedral porque "pensé que era bueno que la grey cristiana recordase que las raíces, las semillas de su fe cristiana, de su fe católica, fueron sembradas en tierra judía".
Arrepentimiento
Casi simultáneamente, en Roma, el cardenal Edward Idris Cassidy, presidente de la Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo, divulgaba el histórico arrepentimiento de la Iglesia Católica.
"En la religión judía no existe el demasiado poco, el demasiado tarde", dijo el rabino Ehrenkranz a quien esto escribe al subrayar la importancia de aquel pronunciamiento. "Son 2000 años de malentendidos y tendríamos que agradecer a Dios ahora que se han dado vuelta las cosas." Rabino de sinagoga durante más de 40 años, dedica ahora sus esfuerzos al diálogo judeo-cristiano y ha mantenido más de un encuentro con el Papa Juan Pablo II.
La institución que él orienta (Center for Christian-Jewish Understanding), asociada con la Casa Argentina, verá concretada el mes próximo una iniciativa de significación a la que ha dedicado todo su entusiasmo. Treinta eruditos, representantes de cinco religiones (católicos, cristianos ortodoxos, luteranos, judíos y musulmanes), se congregarán en Auschwitz para interrogarse por qué las religiones parecerían promover la violencia. Ehrenkranz sueña ya con ese diálogo en aquel lugar donde están las cenizas de millones de muertos por la intolerancia. Esas comprometidas reflexiones reunidas en un volumen tienen un claro destino: seminarios e institutos donde se forman futuros ministros. Se trata de proclamar que sólo la paz hace efectivas las enseñanzas del Talmud, la Biblia o el Corán.

Actualizado ( Miércoles, 21 de Octubre de 2009 10:36 )