Home Blog de Categoría Parshá Lej Lejá

Como es de conocimiento general, el hebreo bíblico resulta ser muchas veces más complejo que el hebreo que se habla en la actualidad. Esto trae que  la mayoría de las veces resulte mucho más complejo aún traducir de forma correcta las palabras que aparecen en la Torá a los diferentes idiomas en que ha sido traducido el texto de la Torá.
 Seguramente esta aclaración nos ayude entender porqué resulta tan complejo traducir las palabras que dan el nombre a la parshá que leemos en este Shabat, Lej Lejá.

 Si bien las dos palabras se escriben de la misma manera en hebreo y provienen del mismo verbo, Lalejet (que quiere decir: caminar) la traducción correcta al castellano de estas palabras querrían decir: Vete para vos.
 A simple vista, resulta hasta incongruente, desde la lingüística esta frase, carece de sentido semiológico y hasta suena mal. Quizás este tipo de frase se la podríamos atribuir a algún analfabeto o a un chico que recién comienza a hablar, o a alguna persona que está mal aprendiendo el idioma castellano.
 Sin embargo, vemos que no existe mejor traducción literal a estas palabras que las que se mencionaban anteriormente. Por lo tanto preguntémonos qué significado tienen estas palabras con las que comienza nuestra parshá.
 La palabra vete, nos llama a marcharnos, irnos, abandonar un lugar, alguna posesión. En cierta manera nos invita al exilio, al desarraigo. A veces puede sonar esta palabra un tanto agresiva, como que nos estuviesen echando de un lugar, más que una invitación a salir de un espacio, esta palabra nos suena a expulsión, suena a una orden que se nos da.
 Efectivamente Dios le ordena a Avraham a que se vaya de su tierra, de esa tierra de sus antepasados. Dios le ordena que vaya a una tierra que Él le mostraría. Avraham, era temerario de Dios, acata al pie de la letra la orden divina y emprende camino hacia esa tierra desconocida por él.

 Todos nosotros en algún momento de nuestras vidas tuvimos alguna experiencia similar a la de Avraham, de mayor o menor intensidad. Todos en algún momento decidimos irnos o sentimos la necesidad de partir hacia algún lugar o experiencia desconocida. Muchos de nosotros lo hicimos al partir de nuestro hogar materno-paterno, algunos lo hicimos al partir de nuestros países de los cuales somos oriundos, otros lo habrán hecho de un trabajo a otro, de algún lugar de pertenencia a otro, etc. Lo que queda claro es que, inevitablemente, todo desarraigo, salida o exilio nos genera una cierta angustia, pues el hombre si hay algo a lo que teme es a lo desconocido.
 De acuerdo al Midrash, las razones por las que Dios le pide a Avraham que dejara su tierra, su familia es porque él había desafiado a su padre, quien era un adorador y vendedor de ídolos, respecto a que no era posible que piedras tuvieran carácter divino o que representaran a Dios. Frente al desapruebo que habría obtenido Avraham por parte de sus pares más cercanos ante este desafío que le hizo a su padre, y al  ver la creencia de Avraham, Dios le ordena que deje a su familia y a su tierra.

 Cuando las razones por las que decidimos irnos de un lugar no son a causa de experiencias traumáticas, es probable que nos sea más fácil adaptarnos a los diferentes lugares a los que llegamos, sin embargo, cuando ocurre lo contrario, generalmente vivimos en torno a los recuerdos (muchos de ellos tormentosos) que nos traen esos lugares de donde veníamos, y si bien intentamos adaptarnos y vivir de la mejor manera, ocurre que nunca nos terminamos yendo de ese lugar de partida. Esto mismo ocurre a nivel personal.
 Muchas veces nos miramos hacia nosotros mismos y pensamos en las ganas que tenemos de cambiar cosas nuestras, ya sean, actitudes, formas de vida, valores, etc y vemos que no lo logramos, quizás, la mayoría de las veces que vemos que fracasamos en esos intentos, sea porque si bien lo pensamos, nunca hicimos el “click” de realmente abandonar o de dejar lo que, realmente, queríamos cambiar en nosotros.
 De esto nos habla el Lej Lejá, esta era la idea que quería transmitirle Dios a Avraham. Dios se da cuenta que el cambio que tendría que hacer Avraham era sumamente fuerte y complejo. Si bien Avraham podía haber sido conciente de que pensaba totalmente distinto a la mayoría de sus coterráneos, otra cosa era asumir esto y vivir con lo que él verdaderamente creía, por eso lo primero que le pide Dios es que se vaya de si mismo, que cambie radicalmente, que se anime y se dé cuenta de que es distinto al resto, que piensa diferente a los demás, que se vienen tiempos difíciles y experiencias totalmente nuevas para él y su familia, que seguramente la tendría que luchar solo.
 Esto, lo que le ocurre a Avraham, quizás muchas veces nos pasó a nosotros. ¿Cuántas veces habremos sentido de que en muchas oportunidades nos encontramos solos, luchando ante algo a lo que no sabemos ni estamos convencidos si es o no lo correcto? En la medida en que ante este tipo de situaciones cada uno haga su propio Lej Lejá, como se lo exigió Dios a Avraham que lo hiciera, quizás, entonces, nos animemos de verdad a realizar todas esas empresas y cambios que tantas veces nos planteamos hacer y que tantas veces no los logramos llevar a cabo por diversos motivos.
 Si realmente, estamos convencidos en los cambios, si creemos que ellos son positivos para nosotros y para el resto de nuestra gente querida, entonces, al momento de hacerlo hagamos previamente nuestro propio Lej Lejá.
Shabat Shalom Umevoraj
Por Seminarista Yonny Szewkis 

Actualizado ( Viernes, 30 de Octubre de 2009 18:27 )