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por Yonni Szewkis Sabah  

Desde los comienzos de la historia de la humanidad es que han existido las guerras. Al parecer, resulta ser inevitable que el hombre con sus semejantes no pueda resolver sus diferencias y conflictos mediante el uso de la razón y de las palabras. Sabemos que cada mente es un misterio y un mundo diferente, ojalá tuviésemos una bola de cristal que nos permitiece siempre saber como piensa el otro de manera de que pudiesémos resolver nuestros conflictos, entendiéndo y comprendiendo el pensamiento y las ideas de la otra parte. Quién no quisiera tener el don de la negociación de manera de que sólo negociando pudiésemos resolver los conflictos que se nos presentan.

Sin embargo, vayamos a la realidad, como decíamos, desde los orígenes del hombre que éste se ha visto involucrado en guerras y conflictos bélicos, de diferentes tipos y calibres, por diferentes motivos, algunos los que han tenido solución y otros que hasta el día de hoy siguen sin ser resueltos. Sin duda alguna, el siglo pasado, fue el ciclo que más marcó a la humanidad en cuanto a guerras, no hubo un instante en el siglo que pasó en el que no hayan existido guerras, al punto tal, que por primera vez en la historia de la humanidad se generaron guerras mundiales. Nunca, como hasta el siglo pasado murió tanta gente a causa de las guerras, nunca los países invirtieron tantos recursos económicos para las guerras, para armar sus ejércitos y defensas como en el siglo que pasó, nunca se violaron tanto los Derechos Humanos por las guerras como en este siglo, nunca se generó tanta hambre y pobreza por las guerras como en el siglo recién pasado.

El panorama que se nos viene en este siglo que ha comenzado hace algunos años, no es mucho más alentador, quizás la mano viene peor, si sólo nos ponemos a pensar que ya son cada vez más los países que alcanzan la fabricación de la bomba nuclear, esto hace que por un lado muchos se sientan con más seguridad y poder, pero que a su vez la gran mayoría de la humanidad se sienta al borde del colapso y que la paz esté siempre tenza y se pueda romper con el más mínimo conflicto existente y produzca una guerra en la que no podamos medir las consecuencias.
Este es el panorama, esto es lo que nos toca vivir, y en la medida que no aprendamos a resolver nuestras diferencias por medio de la negociación, la tolerancia, el respeto, la aceptación de las diferencias y la palabra, difícilmente la situación pueda cambiar. En otras palabras, pareciera que la guerra estaría en la naturaleza del hombre.

La Torá, lo prevee así y por eso en nuestra parshá de esta semana, leemos todas las leyes que se deberán a tener en cuenta si, inevitablemente, se debe ir a la guerra. Al respecto nuestros sabios (de bendita memoria) nos dicen lo siguiente:
"La Torá nos impone prescripciones referentes a la guerra. Hay doctrinas que impiden a sus creyentes la guerra, y hay quienes quisieran permanecer absolutamente neutrales y pasivos frente a todo problema de combate, pero no lo han conseguido; al contrario, han caído en la red del enemigo. Por consiguiente la Torá nos impone el deber de la autodefensa y de la lucha por nuestros derechos.
Es triste tener que recurrir a la guerra, a la sangre, pero desgraciadamente hay momentos en que ésta es la única alternativa y hay que hacerlo. La Torá no quiere en modo alguno rehuir esto, pero cuando la guerra es necesaria, aún sobre ella debe legislar. El escape del avestruz que esconde la cabeza es indigno, y si la guerra es necesaria, se someterá a sus mandamientos.

En caso de guerra, cuando se sofocan todos los magnos sentimientos humanos, la Ley de Moshé impone prescripciones, porque aún en la lucha no está permitido perder la conciencia del bien. En primer lugar , la Torá ordena ofrecer la paz al pueblo enemigo (Deuteronomio 20:10), y más adelante, (Deuteronomio 20:19), prohibe destrozar los árboles de fruto que se hallen alrededor de la ciudad sitiada, puesto que la guerra no debe significar de manera alguna la destrucción. La guerra no es más que el fruto del yetzer hará (mal instinto), puesto que el ideal máximo de la Torá es la paz, pues como dicen nuestros profetas: No levantará pueblo contra pueblo la espada ni se ejercitarán más para la guerra, (Miqueas 4:3)"
Como vemos, la sabiduría de la Torá nos muestra que si bien existe la guerra, ella es producto de nuestro yetzer hará y, a su vez, propone siempre que el estado ideal es la paz, sin embargo, no siempre se logra eso.

Como pueblo judío, desgracidamente, somos conocedores del tema de la guerra y más desde la creación del Estado de Israel, virtuosamente el pueblo judío y el Estado de Israel, siempre ha cumplido, con el precepto de ofrecer la paz a sus enemigos como está escrito en la Torá.
La guerra, es lejos el peor mal de la humanidad, saca lo peor del hombre, toda la parte bestial que nos hace recordar que tenemos una parte animal y otra divina, la cual claramente la dejamos de lado cuando nos enfrentamos en guerras.
En estos momentos en que a medida que van pasando los días nos acercamos más a los Iamim Noraim, al comienzo de un nuevo año, que nuestras tefilot que pronunciemos sean también por la paz del mundo para que como decían nuestros comentaristas, de bendita memoria, se produzca la visión de nuestros profetas que dijeron: "No levantará pueblo contra otro, ni se ejercitarán más para la guerra".

Actualizado ( Viernes, 30 de Octubre de 2009 18:19 )