Muchas veces sentimos que en la vida, las situaciones que transcurren en ella, tienen un efecto “boomerang”, es decir, que todo vuelve, que cada cosa que hacemos repercutirá en nosotros de una u otra manera, para bien o para mal. Quizás, este análisis explica de la mejor manera la situación ante la que se encuentra nuestro patriarca Yaakov en la Parshá que leemos esta semana. Como recordaremos Yaakov había huido de su casa amenazado de muerte por su hermano Esav, ya que lo había engañado y robado su primogenitura. Yaakov, hasta ese momento, había hecho todo de forma errónea. Había engañado a su padre, a su hermano, no había enfrentado la situación, había robado, etc. Sin embargo, en lo de su tío Lavan comenzaría a entender todo lo que había hecho, pues sería presa de todo lo que había hecho anteriormente, en manos de su tío quien lo engañaría en reiteradas oportunidades. Por estos motivos es que Yaakov decide volver a su tierra natal, no quería seguir sufriendo del exilio ni mucho menos de las constantes fechorías y malos tratos de su propio tío Lavan. No obstante, Yaakov era conciente de lo que significaba regresar a su tierra: Enfrentar a su pasado, enfrentar definitivamente a su hermano Esav, con todo el peligro y riesgos que esto significaba. Está en la naturaleza de mucho de nosotros evadir, mientras podemos, nuestros problemas. ¿Para qué meternos en problemas o pasar malos ratos si los podemos evitar?, ¿Para qué hacernos mala sangre por cosas que creemos que son insignificantes, cuando claramente no lo son? ¿Para qué enfrentar lo que nos pasa si creemos que podemos vivir mintiéndonos y engañándonos constantemente? La realidad es que a medida que no enfrentamos lo que nos pasa y las situaciones que deberíamos hacerle frente, el sentimiento de angustia y malestar nos carcome hasta nuestras entrañas y no nos permite vivir con tranquilidad. Nos quita el sueño, vivimos sintiéndonos perseguidos constantemente, vivimos con miedo, nos sentimos inseguros y todo el tiempo debemos seguir inventando y maquinándonos estrategias absurdas a modo de seguir sosteniendo esa farsa que hemos inventado para seguir mintiéndonos y no enfrentar lo que realmente nos toca vivir. Claramente Yaakov no pudo seguir más con esto y por esa razón es que decidió volver a su tierra, amén de que la relación con su tío y la familia de él se hacía cada día más compleja. Al encontrarse en las cercanías de las tierras de su hermano Esav, Yaakov decide tantear un poco el terreno, quería ver como venía la mano, a ver si podía preparar una estrategia para enfrentar a su temido hermano, por eso fue que decide enviar mensajeros con obsequios a su hermano a fin de ablandarlo y en cierto modo comprar su perdón. Los mensajeros volvieron y le dan un informe aparentemente no muy alentador: Esav viene a tu encuentro con 400 hombres. Yaakov piensa lo peor, teme por su vida más que nunca, pero no arruga, está decidido a enfrenta al pasado, enfrentar a su hermano Esav, sabe que tiene que dar una explicación, sabe que hizo mal y está dispuesto a pagar por lo que hizo incluso dando su vida. Planea otra estrategia, esta vez incluyendo a su familia, tal vez ordenándolos estratégicamente Esav se apiadaría de él. En definitiva, se produce el encuentro entre los hermanos, Esav sale corriendo a su encuentro cuando lo ve, no hay pelea entre los hermanos, se abrazan, lloran. Según mi humilde opinión, es una de las escenas más bellas y emocionantes que nos narra el texto bíblico. Si bien no hay palabras cuando se produce el encuentro, hay sentimientos y emociones que muchas veces expresan más que las propias palabras. Si bien no hay un expreso pedido de perdón por parte de Yaakov, como tampoco, una palabra de perdonado, por parte de Esav, la escena se sobreentiende y los hermanos dan vuelta la página, borrón y cuenta nueva. Enfrentar nuestros errores, nuestras decisiones, requiere de entereza, valentía y coraje. Muchas veces sentimos que estas cualidades no las poseemos. Por otra parte, nadie nos asegura el éxito total, como el que tuvo Yaakov con su hermano frente a todas las situaciones que deberíamos enfrentar. Posiblemente los resultados al asumir lo que hicimos con anterioridad no sean como los planeamos, o tal vez tenemos la misma suerte que tuvo Yaakov y sí resultan como lo queríamos. Pero una cosa sí, se vive mejor sin culpas, sin remordimientos de conciencia, sin temores, sin miedos, en paz con los demás, con nosotros mismos. Vale la pena enfrentar lo que nos toca vivir por más duro y grave que sea, aprendamos a enfrentar cada momento que nos toca vivir, con valentía, coraje y entereza. Shabat Shalom Umevoraj Por Yonatan Szewkis Director Comunitario
Actualizado ( Viernes, 04 de Diciembre de 2009 14:16 )
Dicen que el tiempo corre, o lo que es peor aún, que el tiempo vuela. La verdad que es así. Pero no sólo el tiempo vuela, sino que también nuestro mundo vuela, nuestro universo vuela, nuestras vidas vuelan. Esto nos produce cierto temor, ansias, angustia, desesperación, pero por sobre todo, cansancio y estrés. Todas estas sensaciones que se nos producen nos provocan un profundo malestar, sentimos que no tenemos un minuto en paz, un minuto de gozo o disfrute, un minuto de tranquilidad. Continuamente tenemos que estar preocupados por esto o por lo otro, la velocidad del tiempo nos exige estar constantemente corriendo de un lado para el otro, de estar cien por ciento activos lo que a su vez nos provoca estar continuamente malhumorados y sensibles ante cualquier cosa por más pequeña que sea. Cuando vemos que no podemos más, sale sistemáticamente de nuestras bocas: ¡Dios mío, dame tu fortaleza!, ¡Ay Dios, dónde estás! Algo similar a esto que muchas veces nos ocurre a nosotros, le ocurría a Yaakov, el gran protagonista de nuestra Parshá. Yaakov había huido de su casa paterna, su hermano Esav había amenazado con matarlo ya que él le había robado su primogenitura. Un poco echado de su casa por sus propios padres, con la desesperación de fugarse rápidamente pues su hermano lo buscaba para matarlo y con el miedo y temor que provoca toda nueva aventura, como a la que se le abría a Yaakov; son ser psicólogos ni doctos en la materia, podemos observar, que Yaakov, claramente, se sentía angustiado y agobiado ante esta situación y seguramente habrá exclamado estas mismas frases que decimos nosotros ante experiencias similares. Después de transitar largamente para llegar a la casa de su tío Laván, tal como se lo había sugerido su madre Rivká, el cansancio se apoderó de él y decidió parar, dormir y descansar durante la noche. Durante esa noche tuvo un sueño donde ángeles subían y bajaban continuamente por una escalera que bajaba desde el cielo y fue que, durante ese sueño, Dios se le reveló a Yaakov como el Dios de sus antepasados. Al despertar Yaakov, y recordando lo que había soñado, se dijo para si: “Yesh Adonai va makom azé va anojí lo iedatí”, “Hay un Dios en este lugar, mas yo no lo sabía”. Al parecer, la Torá nos trata de mostrar que Yaakov, luego de haber estado deambulando y caminando, preso de sus miedos y ansiedades, se había dado un espacio para detenerse, descansar y que el resultado de eso habría sido encontrar a Dios, encontrar su tranquilidad. Sin dudas que este sueño y este encuentro habrán renovado las fuerzas y esperanzas en Yaakov y lo hayan motivado para cambiar, reencaminar y rehacer su vida, al punto tal, que es capaz de reconocer que por su situación anterior no se había percatado que se encontraba en un lugar santo y que a lo largo de su vida no había podido encontrar a Dios. Seguramente, que lo que le pasaba a Yaakov hasta antes de su sueño, es algo que nos sucede a nosotros en forma cotidiana. La vida acelerada, demandante, estresante y difícil que llevamos, muchas veces nos hace perder el rumbo hacia donde verdaderamente queremos llegar y más que darnos cuenta de que estamos en un lugar o viviendo la vida con todas las cosas bellas que ella tiene, nos hace sentir que nos encontramos desvalidos, perdidos y cansados mientras pasa el tiempo. Nuestro sufrimiento es tan grande, que no nos permite reconocer cuánto hacemos nosotros para que esto nos suceda y terminamos buscando a un responsable de esta situación que nos toca vivir: Dios. Sin embargo, por suerte existen espacios como el Shabat, nuestras festividades, las vacaciones, compartir con nuestras familias y seres amados y queridos, los cuales nos permiten encontrarle ese gustito tan dulce y meloso que tiene la vida. Son en esos momentos en los que logramos comunicarnos con Dios, soñar bellos sueños, recordar situaciones y cosas hermosas que hemos vivido, y que cuando despertamos nos permiten decir, al igual que Yaakov: “Yesh Adonai va makom azé, va anojí lo iedatí”, “Hay un Dios en este lugar, que me quiere, que no me abandona, que está junto a mí, al que encontré, mas yo no lo sabía”. Sin dudas que estas palabras de Yaakov nos invitan a que busquemos esos hermosos momentos que valen la pena vivir, para poder continuar con la cotidianeidad de nuestras vidas, las cuales, desgraciadamente, resultan ser muchas veces, difíciles y tormentosas, pero que aún así, no debemos desesperarnos ya que Dios está con nosotros. Sólo depende de que cada uno de nosotros se tome el tiempo, o el momento, para poder parar, contemplar, observar, disfrutar, descansar y así darnos cuenta que en todo lugar que recorremos en nuestra vida, hay un Dios que está presente, por más que no lo sabíamos. Ahora lo sabemos, ahora debemos buscarlo. Es deber y obligación de cada uno encontrarlo. Cuando decidamos iniciar esta búsqueda y logremos encontrar lo que buscamos, entonces, nos sentiremos muchos mejor y con ganas de vivir la vida. Shabat Shalom Umevoraj Por Yonatan Szewkis Sabah
Actualizado ( Lunes, 30 de Noviembre de 2009 15:37 )
|
Puede ser que la parshá que leemos en este Shabat nos presente una de las situaciones más difíciles de explicar dentro del texto de la Torá. Muchos de nosotros conocemos la historia entre Yaakov y su hermano Esav. Antiguamente la herencia familiar se traspasaba por el padre a su hijo mayor. Esto había incomodado a Yaakov desde siempre ya que era el menor de los hijos de Itzjak y era conciente de ello. Por eso, que cuando se le presentó la oportunidad no perdió tiempo y le compró la primogenitura a su hermano Esav a cambio de un plato de lentejas. Ninguno de los dos mencionó después palabra alguna sobre la transacción que habían realizado. Itzjak no sabía de este acuerdo entre hermanos y tampoco, de acuerdo a la tradición de aquel entonces importaba, ya que el padre era sólo quien tenía derecho a dar la herencia familiar y sólo al primogénito. Así fue que un día Itzjak, llama a su hijo mayor y preferido Esav para que le fuese a preparar un cabrito guisado ya que después de que lo comiera le daría su bendición y con ella la herencia familiar. Obviamente que Esav ni recordó ni quiso hacerlo tampoco la compra-venta que había hecho tiempo atrás con su hermano Yaakov y raudamente partió a cumplir con el pedido de su padre. Sin embargo, Rivká había escuchado esta conversación (entre Itzjak y Esav) y como su preferido era Yaakov le fue a advertir la situación. Rivká lleva a cabo un plan a fin de engañar a Itzjak, quien ya estaba senil y ciego, a fin de que Yaakov obtuviera la bendición de la primogenitura. Para eso le ordenó a su hijo que fuese y agarrara un cabrito del ganado familiar y ella cocinó del modo en que le gustaba a su esposo el cabrito. Sin embargo, existía el problemaa de que ambos hermanos eran muy diferentes, sobre todo físicamente. Esto haría que fuese muy difícil engalar al padre, pero Rivká, que tenía todo planeado, le puso las pieles del cabrito a Yaakov a fin de disfrazarlo y hacerlo pasar por su hermano Esav. Yaakov llegó primero que su hermano y se presentó ante su padre. Itzjak lo interroga y se da cuenta que algo no andaba bien, por eso es que dice: La voz es de Yaakov, pero sin embargo, el cuerpo es de Esav. Finalmente después de comer, Itzjak bendice a Yaakov, en otras palabras, Itzjak cae en la emboscada que le hicieron Rivká y Yaakov. Al rato después llega su hermano Esav con la comida preparada para su padre e Itzjak sólo atina a decirle: Ha venido tu hermano y se ha llevado tu bendición, la primogenitura. Esav llora y lanza un grito feroz, el cazador fue cazado. Jura matar a su hermano Yaakov quien virilmente lo engañó. Por más que intentémos y tratemos de encontrar una justificación para Yaakov y Rivká, difícilmente se puede justificar lo que ambos le hicieron a Itzjak, y sobre todo, a Esav. Son embargo, si repasamos un poco el texto bíblico nos encontraremos con que Itzjak en un momento duda sobre con quien realmente estaba cuando el que estaba en la habitación era Yaakov. Itzjak sospechaba de que algo estaba mal y que podía estar siendo engañado, pero prefirió seguir el juego y caer engañado, o también, seguir con la farsa. Muchas veces en nuestras vidas nos ocurren situaciones similares como la que le tocoó a Itzjak. Sospechamos de algo, sabemos que algo anda mal, pero a veces por temor, por indiferencia, por desinterés, por fácilistas, por falta de compromiso y por tantos motivos más decidimos seguir el juego, creer que somos victimas y permitir, como ocurrió en este caso, que se cometan todo tipo de injusticias. Itzjak, como decíamos, sospechaba, sabía que algo no estaba bien y no fue capaz de denunciar, cuando lo podría haber hecho y haber evitado el sufrimiento de Esav y una futura terrible disputa familiar que terminaría con su familia. Nosotros muchas veces también tenemos esas oportunidades, pero sólo depende de nosotros jugárnolas y tomar la opción correcta para que realmente no caigamos en el juego de la corrupción o de la injusticia. Recordemos que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Shabat Shalom Umevoraj. Por Yonatan Szewkis
Actualizado ( Sábado, 21 de Noviembre de 2009 14:00 )
Dinero: moneda corriente que tiene valor legal. Fortuna, riqueza, conjunto de bienes. Esta palabra que tiene tanto valor para todos nosotros en la actualidad, que resulta ser tan importante en nuestras vidas, que nos ayuda a poder vivir, que saca lo mejor y lo peor de cada uno de nosotros. Dicen que el dinero no hace a la felicidad, pero tenerlo ayuda bastante. Esta palabra conocida como "el vil metal". Esta palabra que hace que a cada cosa material que pasa por nuestros ojos le asignemos un valor. El dinero, que nos permite el intercambio de vienes y servicios. Sin lugar a dudas que esta palabra es importante, tiene presencia. Cuando se habla de dinero, se está hablando de un tema serio, es fundamental en la vida del hombre, desde sus inicios, prácticamente desde que existe. Por lo menos así lo podemos ver claramente en la parshá que leemos esta semana. De acuerdo al Midrash (en Bereshit Rabá) Sará al enterarse que su marido, Abraham, había llevado a su querido hijo Itzjak al Monte Moriáh para sacrificarlo, no soportó tamaño dolor y angustia y falleció. Abraham se enteró de la muerte de su esposa, la lloró y luego se dirigió a donde los hijos de Jet para que le dieran un lugar para darle sepultura a su amada. Abraham había designado el lugar, Mearat Hamajpelá (la caverna de Majpelá) no quería otro lugar, quería ese, y estaba dispuesto a pagar por él. Los hijos de Jet le dijeron que ese lugar pertenecía a Efrón, entonces Abraham fue hasta donde Efrón para pedirle ese lugar. En un principio, y como buen comerciante, Efrón se niega a cobrarle por el terreno a Abraham pero, Abraham no quería regalos, sino que quería que ese lugar fuera suyo y de sus generaciones por siempre, por eso estaba dispuesto a pagar lo que fuese por el lugar. Efrón había captado a Abraham sin que éste le contara el porqué de no aceptar su regalo. Efron sabía de la situación de Abraham, que era un hombre rico, poderoso y que tenía la gracia de Dios. Sabía que por ese terreno podía sacarle un muy buen precio y que Abraham estaría dispuesto a pagar lo que fuese por aquel terreno. Por eso es hábilmente y sin prejuicio alguno le dijo, finalmente, a Abraham: "Señor mío escúchame: terreno de 400 ciclos de plata, entre mi y ti ¿qué significa? ¡Entierra pues a tu muerta!". Efrón se había dado cuenta de la situación de Abraham, quien recién había perdido a su amada mujer, quien quería sí o sí comprar ese lugar, quien no estaba de ánimos para negociar, quien odiaba los conflictos y problemas y siempre trataba de resolverlos amistósamente. Por eso, no tuvo reparos en fijar ese precio, lo más probable, es que el precio haya sido muy alto por lo que realmente valía la propiedad, pero como lo indican las leyes económicas: A mayor demanda, menor la oferta. Abraham accedió a pagar el precio con que Efrón cotizó el terreno. Más allá de como Efrón se pudo haber aprovechado de Abraham, como muchas veces sentimos que nos pasa a nosotros en situaciones semejantes, en las que accedemos a pagar lo que sea porque nos vemos en la necesidad o porque no estamos de ánimo como para negociar; existe algo más inquietante en el relato. Efrón juega con el bolsillo de Abraham, se mete en su bolsillo. ¿Qué son 400 ciclos de plata entre mi y ti?, yo me pregunto: ¿Y que sabía Efrón de cuanto tenía Abraham? ¿Y si realmente Abraham no tenía ese dinero? ¿Y si a lo mejor sí era una suma excesivamente elevada para Abraham? ¿Sabía acaso Efrón cómo Abraham había accedido a la riqueza que tenía? Muchas veces nosotros nos ponemos en el mismo rol que Efrón. A veces quienes tenemos la suerte de tener un poco más que el resto no medimos nuestras acciones y palabras y nos metemos en el bolsillo ajeno. Cuántas veces escuchamos frases como: Dale! no seas rata;que tacaño que sos, cómo me vas a cobrar esos $10 que te debía, qué te vas a comprar con eso; cómo no tenes para esto o para lo otro. Lamentablemente, cuando decimos estas frases, que muchas veces salen de nuestras bocas sin mala intensión, podemos estar haciéndole un daño terrible a la persona que tenemos a nuestro lado o enfrente. ¿Y si realmente esa persona no puede seguir el mismo tren de gastos al que vos estás acostumbrado? ¿Y si realmente esa persona necesita esos $10 pesos que si bien para vos no significan nada, para el otro puede que sí, o simplemente, te está recordando a vos que seas gente y que si pedistes algo prestado lo tenés que devolver? ¿Y si la persona realmente no tiene para esto o para lo otro porque tiene que destinar sus ingresos a cosas diferentes a las tuyas o no está dispuesto a gastar lo que tu gastarías porque no están en sus proridades lo que para vos si es prioridad? Meterse en el bolsillo ajeno, no es joda, por el contrario, es un tema muy serio, podemos dañar seriamente a una persona. Dicen que a la gente se la mide por su forma de reaccionar ante sus enojos, por su forma de comer y por su forma de hacer negocios y manejarse con el dinero. Aspiremos a que siempre se nos mida en forma positiva y que en la tercera forma de medir, que nunca nos asocien como un Efrón. Shabat Shalom U mevoraj!!!
Actualizado ( Lunes, 16 de Noviembre de 2009 00:44 )
|